jueves, 4 de enero de 2018

Carreteras de España

Yo que soy hombre de mediana edad, poseo una cierta perspectiva de lo que eran las carreteras a finales de los 80 y en los 90 en España. De hecho, me siento con suficiente facultad como para decir que las carreteras actuales son muchísimo mejores a las que se disfrutaban por aquel entonces. Mejores, más, y con bastantes menos usuarios circulando por ellas.

Nací en el 83 y empecé a conducir en el 2001, pero desde muy pronto viajé muchísimo por España con mis padres. Recuerdo largos viajes en los que mi padre, como patriarca de rigor, era el único en la familia que tenía carnet y conducía. Y a mí se me ponían los pelos como escarpias cuando para adelantar le veía pegarse a la mediana para asomarse achinando los ojos a lo Clint Eastwood y comprobar si venía algún vehículo en sentido contrario o de venir alguno, si había espacio suficiente para adelantar a un pedazo de camión, autobús o lo que se tratase. Lo cierto es que esa operación, que dependía de sentidos y criterios ajenos a los míos, me acojonaba sobremanera. Era un importante ejercicio de confianza en la figura paterna.

Para un "pre-millenial" como yo, que pienso ahora en aquello, me parece que era una jodida aventura. Tirarse fácilmente 5 o 6 horas metido en un coche sin aire acondicionado, en carreteras de un sólo carril por sentido, con miles de curvas y rasantes, con aquella dispar variedad de vehículos con los que se compartía la vía, atravesando pueblos perdidos, puentes estrechos, curvas cerradas, tragando el humo de camiones que soltaban esa especie de chapapote volante que inundaba el habitáculo de olores insalubres, bien gasoil bien aceite quemado.

En definitiva, nada que ver con lo que nos encontramos hoy en día cuando circulamos por rectas que parecen infinitas y varios carriles de razonable amplitud y de un solo sentido a través de los cuales podemos adelantar sin ninguna complicación. Todo ello conduciendo o habitando coches plenamente confortables y funcionales, con climatización, información sobre el tráfico, restaurantes, etc.

Por todo esto es quizá el motivo por el que me quedo atontado viendo cualquier tramo viejo de carretera abandonado. Por la nostalgia de aquellos viajes y de esas carreteras cuyas curvas y puentes las otorgaban una suerte de personalidad.

Y por todo esto que expongo, y porque me gusta mucho viajar y también conducir, he decidido investigar sobre el pasado y el presente de alguna de esas carreteras míticas (todas es imposible). En concreto, la Carretera de Andalucía. ¿Por qué? Pues porque por motivos personales este año tendré que desplazarme habitualmente por ella, y porque me gusta disfrutar del camino y conocer los lugares y las historias que han sucedido o suceden en mi recorrido.

El viaje se antoja interesante.





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